Crear la antología

El oficio del editor literario hace posibles numerosas bondades, tales como perpetuar la excelencia de las lenguas o ayudar a los escritores a pulir el diamante en bruto que muchas obras son antes de ser publicadas.

De la misma manera, es responsable de no pocas vilezas. Una de ellas -si se debe considerar como tal- es la de tomar las obras completas de un autor para moldear, según criterios tan arbitrarios como los de uno mismo, una obra propia. Y como todo Pigmalión, el antólogo corre el riesgo de enamorarse de su creación; olvida que, de hecho, nunca ha sido tal cosa: no es suya, sino del autor que da nombre a la antología.

La Tigra y otros relatos brutales es una creación de Libros de la Ballena; pero pertenece a José de la Cuadra. Suya es “La Tigra” y suyos son los otros siete relatos brutales.

Nosotros los editores, asumiendo el papel de intrépidos aventureros, y, armados de algo tan peligroso como el criterio personal, nos internamos en la narrativa del autor ecuatoriano en busca de nuestra propia experiencia. A cada momento la expedición se detiene para analizar la fauna que habita esta jungla indómita, diminutos bichitos de color negro que se aparean para formar organismos más complejos, aferrados a las hojas -la vegetación es blanca y planiforme- que crecen por todas partes. En ocasiones, parece que no hay avance; la naturaleza de una narrativa personal, tan salvaje como la de José de la Cuadra, no permite la agilidad de movimientos que se puede dar en las llanuras de escritores ordinarios. No es fácil, y por eso resulta tan atractiva. No es hermosa en un sentido convencional; tampoco horrible: es sublime.

Finalmente, habiendo anotado en nuestros diarios las especies de frases más interesantes -o párrafos de extraordinaria biología- regresamos al laboratorio. Estamos, ahora sí, preparados para encerrarnos en el estudio y completar nuestras investigaciones. Escogemos ocho ejemplos característicos, ocho relatos con un ADN común, y ofrecemos al lector nuestra propia interpretación de José de la Cuadra, la fuerza creadora que los ha hecho posible.

La Tigra y otros relatos brutales ofrece al lector dicha interpretación. Es posible que no sea acertada, o tal vez encuentre numerosos adeptos. En cualquier caso, los editores esperamos que anime a la reflexión y, por qué no, suponga una lectura agradable. Que sea, fundamentalmente, una aventura memorable.

El grupo de Guayaquil

Las uniones entre escritores no son una moda actual; a lo largo de la historia de la literatura, muchos han sido los maestros de las letras que se han hermanado con otros compañeros para dar fuerza a sus publicaciones y que sus voces se alzasen y se escuchasen más lejos.

José de la Cuadra, junto con otros cuatro escritores ecuatorianos (Enrique Gil Gilbert, Joaquín Gallegos Lara, Demetrio Aguilera Malta y Alfredo Pareja Diezcanseco) formó parte del “Grupo de los cinco” o “Grupo de Guayaquil”, del que hace ya once años falleció su último miembro.

Hace dos años, el periódico El Universo publicó un artículo referente a este grupo, acercando, un poco más, el ambiente que reinaba:

“El ambiente, el trato era muy lindo, porque entre nosotros no existía envidia. Nos reuníamos en una especie de mesa redonda y discutíamos los textos. Leíamos lo que habíamos escrito y nos daban palo o lo aprobaban. Aceptábamos las críticas, eso nos servía para superarnos, porque era un hermano que nos hacía una observación”.

Más concretamente, sobre José de la Cuadra, Adalberto Ortiz, quien concedió la entrevista, solo tuvo buenas palabras:

“Le cuento que en su estudio Pepe tenía un escritorio y en un cajón de ese mueble él guardaba todos los cuentos que iba escribiendo. Los guardaba ahí por algún tiempo, decía ‘para que cojan mosto’, porque el buen vino con el tiempo tiene que coger mosto”.

Y es que, a pesar de que el grupo ya no esté junto en Ecuador, sigue vivo en las memorias de los miles de lectores a los que tocaron con sus palabras. No en vano, ya lo decían ellos: “Eran cinco, como un puño. Los cinco de Guayaquil.”

Los monos enloquecidos

Además de un extenso legado literario en forma de relatos, y una novela montuvia Los Sangurimas, José de la Cuadra nos dejó otra novela corta, Los monos enloquecidos, que no llegó a concluir. Se trata de una obra disparatada, rebosante de imaginación y simbología. El inicio de la Guerra Civil española impidió su publicación en España. José de la Cuadra extravió el manuscrito en una de las reuniones del grupo de Guayaquil, a la que había asistido precisamente para su lectura. Años después otro de los integrantes del Grupo de Guayaquil, el escritor y ensayista Joaquín Gallegos Lara, encontró la novela y decidió terminarla, aunque la muerte lo sorprendió en el proceso y la obra quedó tal como la dejó José de la Cuadra.  Se dice de Los monos enloquecidos en el prólogo que la acompaña en Obras Completas:

Mezcla de aventura y penetración psicológica, resumen de locura y ambición, ha quedado desconocido el desenlace que el autor preveía para la espantosa empresa de su personaje. De haberla terminado, seguramente habría constituido la más asombrosa creación que América Latina hubiera aportado a la novela de aventuras.

El original volvió a recuperarse en 1948 y fue publicada en 1951 por la Casa Ecuatoriana, en Quito, acompañada de un estudio de Benjamín Carrión.

El realismo social y José de la Cuadra

Uno de los padres del realismo social, José de la Cuadra ha pasado casi de puntillas por la historia de la literatura en España. Ahora que nos afanamos en acercar su figura, nos parece más que obvio el hecho de que, a su vez, hay que hablar de su forma de plasmar ese pueblo ecuatoriano de la primera mitad del siglo XX.

Varios estudiantes de turismo de la ESPOL realizaron un pequeño vídeo donde explican con más detalle esa relación entre José de la Cuadra y el realismo social. Muy ilustrativo en la materia que nos concierne y bastante claro al respecto.

La provincia de Esmeraldas

El cabo Quiñónez, protagonista del relato Disciplina, proviene de la privincia ecuatoriana de Esmeraldas donde además se llevó a cabo una cruenta revolución.

El hecho de que Quiñónez sea de esta provincia adquiere importancia en el relato en tanto que el cabo combate en contra de sus raíces. Contra ese núcleo negro del que proviene.

Este sentimiento de camadería, de grupo, dejando a Quiñónez fuera del mismo, traicionándolos de alguna manera, es quizás lo que propicie que el cabo se esfuerce más que el resto en ser tan recto como le advierten sus superiores.

A continuación dejamos un vídeo de la provincia, preciosa, en el que se pueden percibir esos lazos que unen a sus habitantes. Si bien la provincia ha cambiado en estos años, parece ser que las gentes siguen siendo iguales generación tras generación.

La Tigra, en el cine

El ecuatoriano Camilo Luzuriaga inició su debut como director de cine allá por 1989, con una adaptación del relato de José de la Cuadra La Tigra. Película aclamada por la crítica, que la consideró el renacer del cine ecuatoriano, corrobora el valor de esta historia y el interés del público. A pesar de ser una producción de bajo presupuesto, obtuvo varios premios en el año 1990 en los Festivales Internacionales de Cartagena y Bogotá, entre ellos el de mejor película, mejor banda sonora y mejor fotografía.

Os dejamos el tráiler de esta pieza curiosa, que esperamos despierte vuestra interés por la lectura.

 

El legado de José de la Cuadra

Hace tres años, la productora La Increíble Sociedad sacó a la luz un documental sobre José de la Cuadra, que fue visionado en todo Ecuador. Por suerte, se encuentra en internet, de manera que todos podemos disfrutar de esta obra audiovisual.

No nos parece que haya una mejor forma de iniciar esta página web que presentando al escritor ecuatoriano. Una visión cercana y desde dentro del que fue uno de precursores de la narrativa hispanoamericana.